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Brasil, los cuarteles están de regreso en la política?

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Hace pocos días el presidente de Brasil había dado la orden de “celebrar” en los cuarteles el golpe militar de 1964. Recordemos que ese golpe dio inicio a una de las dictaduras más brutales del continente. El discurso engañoso de la extrema derecha intenta reescribir la historia difundiendo en los cuarteles un texto que defiende la legalidad del golpe y lo actuado por el Congreso que declaró vacante la presidencia en 1964. Lo que no dice el texto es que el autoproclamado Comando Supremo de la Revolución, constituido por tres generales de las Fuerzas armadas, promulgó un Acta institucional que declaraba abierta la primera ola de persecución política. Varios diputados perdieron sus derechos políticos y con un Congreso depurado se procedió a elegir al general Castelo Branco como presidente de la república en remplazo del presidente João Goulart.

El presidente Bolsonaro justifica la celebración del golpe porque en el contexto de la Guerra fría dizque fue un freno a la amenaza comunista en el Brasil. Pero el presidente Goulart y su partido, el Partido de los Trabajadores (PT), no era comunista, se inscribía más bien en la herencia de Getúlio Vargas y era portador de un proyecto reformista de derechos sociales, de reducción de la desigualdad y regulador de la economía. Lo cierto es que luego de la revolución cubana de 1959 las oligarquías asustadas por la emergencia de los movimientos populares agitaron el fantasma del comunismo. La propaganda anticomunista y la ayuda de los Estados Unidos sirvieron para la instauración de dictaduras militares en casi todos los países de América latina. Ecuador no fue la excepción.

La dictadura, de acuerdo al relato mítico de la extrema derecha brasileña, es presentada como la “edad de oro” cuando reinó la calma social que permitió al Brasil liberarse del comunismo y de los políticos corruptos. Bolosnaro olvida que la dictadura fue el periodo en el que precisamente estalló la violencia urbana y que el régimen militar fue particularmente corrupto. En ese sentido, Bolsonaro representa la continuidad de un proyecto político reacio a las instituciones democráticas, recuérdese que llegó al poder sostenido, entre otros, por los grandes terratenientes, el agronegocio y el lobby de las armas. En campaña ofreció eliminar el código de trabajo, el salario mínimo y se declaró favorable a la privatización del sistema acuífero Guaraní. Ya como presidente los coqueteos con Trump y Netanyahu hacen pensar en una escalada armamentista que desestabilizaría a la región. Su proyecto económico es el neoliberalismo y es autoritario por naturaleza.

Las pretensiones por des-demonizar la dictadura no son una sorpresa. Bolosnaro ha sido un defensor del régimen militar incluso mucho antes de ser candidato. En sus intervenciones como diputado no ha dudado en ensalzar la figura del coronel Carlos A. Brilhante Ustra, quien estuvo al frente del órgano de inteligencia más represivo del régimen. Durante los “años de plomo” fue responsable de 71 muertes y desapariciones de las quinientas causadas por la dictadura. Un Tribunal civil lo encontró responsable de torturas, recién en 2008 se convirtió en el primer militar juzgado por los crímenes de la dictadura. A este macabro personaje es a quien Bolsonaro pretende convertirlo en una figura de veneración de la extrema derecha.

La historiadora Maud Chirio en entrevista a Le Monde publicada el 25/10/2018 señaló que el ideal de Bolsonaro es un poder autoritario para aniquilar a la oposición. En un meeting dijo que fusilaría a los miembros del PT y que echaría a los « rojos » al exilio o a prisión. Considera que los derechos humanos son un invento comunista que hay que abandonar. Con el talante autoritario que caracteriza a Bolsonaro lamentó que la dictadura de 1964 a 1985 no hubiera matado más gente. Muchos se conforman con decir que se trata de un fanfarrón, que no irá más allá de sus palabras, sin embargo la celebración del golpe militar no es sólo un acto simbólico sino una declaración de intenciones.

Ahora bien, qué ha dicho la clase política ecuatoriana? Los partidos políticos democráticos del país podrían pronunciarse en el sentido de condenar la apología de la dictadura, del fascismo, de la tortura y de la ruptura del orden democrático. O al menos podrían solidarizarse con las familias de las víctimas. Parece que la indignación por el autoritarismo es selectiva. No me extrañaría que frente a un proyecto de reforma social progresista, la « oligarquía » sea la primera en golpear las puertas de los cuarteles.

Carlos Guevara Ruiz

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