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Perspectivas 2019

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El 31 de diciembre, la noche del año viejo tiene algo de esperanzador (al menos esos pocos minutos antes y después de las 12 de la noche), sin embargo, después de 19 meses de gobierno de Lenin Moreno las perspectivas para el 2019 no son nada tranquilizadoras para el común de los ecuatorianos.

Para unos, el 2018 será el año de la traición, para otros de la revancha, pero en la mayoría quedará el sentimiento de que algo se ha perdido. Esta navidad, por ejemplo, otra vez vimos a los niños pobres limosneando en las carreteras y recogiendo caramelos del suelo. Una lacra que habla mal, no sólo de un mal gobierno como el de Moreno, sino de todos como sociedad. Aparece cada año como un síntoma del sistema enfermo que hemos aprendido a tolerar. Nos parece normal. Como cuando el Gobierno condona las deudas y disminuye los impuestos a los millonarios de este país. Hay que saber que las deudas perdonadas a los millonarios, el Gobierno las rebusca en los bolsillos de los padres de esos niños. Es directa la relación que existe entre la opulencia de los unos y la miseria de los otros. Pero, ya saldrán las cotorras a repetir que la culpa es de Correa, que la mesa no estuvo servida, que se han llevado todo, que el Guacho no aparece, que el castrochavismo y no sé cuántos disparates más para esconder la monumental incompetencia del Gobierno.

2018 fue también el año del retorno neoliberal. La composición del Gabinete indica que la correlación de fuerzas se ha ido acentuando en favor de la burguesía (neo) liberal. En primera línea Richard Martínez, Ministro de Economía y Raúl Ledesma, Ministro del Trabajo y es de suponer que las políticas públicas tengan un contenido de clase (la suya). Pero, si Moreno fue elegido democráticamente no lo fue para aplicar el recetario neoliberal. Sus ministros, con ayuda de la prensa mercantil, muy sutilmente han ido instalando un relato de demonización de lo público que tiene como objetivo la privatización de los servicios públicos y de los sectores estratégicos. Nos parece que la venta de hidroeléctricas, aseguradoras, carreteras, puertos, aeropuertos, empresas públicas a precio de gallina enferma es el deseo inconfesable del Gobierno para el 2019.

En este contexto el campo popular aparece desarticulado con episodios de protesta dispersos y esporádicos. El “gasolinazo” en plena navidad anuncia que el 2019 será un año de dura lucha social. Es llamativo cómo un Gobierno tan impopular se mantiene aún en el poder. De hecho, la revocatoria del mandato puede activarse luego de que Moreno abdicara su programa de gobierno. En otros tiempos presidentes del mismo talante debieron huir por los tejados del palacio.

El ambiente de fin de año siempre es particular. Pero este año hay un aire enrarecido, una suerte de malestar que la gente no encuentra la forma de expresar, y creo que es comprensible. Primero porque el Gobierno goza de la complacencia de los grandes medios de comunicación, propiedad de las grandes fortunas del país, que manejan la información. Luego, la corrupción de los políticos en el caso Odebrecht ha ido deslegitimando a los partidos políticos en general. Algunos creen ver en la cantidad de movimientos políticos y candidatos a la alcaldía de Quito (17) una hambruna de democracia contenida durante el correismo. El candor del análisis no esconde la crisis de representación que amenaza la democracia. Finalmente, este año los sindicatos han jugado un penoso papel en la defensa de los intereses de los trabajadores. Creo además que los trabajadores informales y los precarios del sector “uberizado” de la economía ni siquiera saben para qué sirve un sindicato y no esperan nada de ellos.

Nos parece que este fin de año no augura cosas buenas para el país. Al contrario, el ajuste neoliberal será más severo que lo previsto. Solo hay que ver la fanfarronería de secretarios y consejeros particulares del Presidente. Sin servicios públicos más gente será echada al desempleo. Sin salarios dignos no habrá gente que consuma ni siquiera las baratijas que importa la burguesía revendona de este país. Sin periodistas que defiendan el derecho a una información contrastada y verificada, el reino del chisme pronto nos propondrá una solución autoritaria al que-me-importismo y pereza de Moreno.

Carlos Guevara Ruiz

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