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La política exterior del gobierno de Lenin Moreno

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“La decisión de dar la nacionalidad ecuatoriana a Julian Assange no fue mía, fue de mi canciller María Fernanda Espinosa. No fue lo más adecuado, pero yo lo respeto.” La candidez de la declaración no le resta méritos a la serie de desatinos del presidente Moreno. Sorprende que quien fuera vicepresidente de la República (2007-2013) y luego consejero del Secretario General de las Naciones Unidas (2013-2016) no mida las consecuencias de sus palabras. Pero, no puede tratarse de desconocimiento del Art. 147 de la Constitución ni de improvisación de la política exterior, se trata sin duda de la adopción de una línea que es asumida por el presidente. De hecho a inicios de este año ya declaró para diario El Comercio que Assange es un problema heredado del régimen anterior y que causa más de una molestia. Pero con Moreno es mejor no buscar en sus palabras sentido a su política, sino en los hechos.

Las visitas de Keith Mines director de la Oficina de Asuntos Andinos del Departamento de Estado, de Thomas Shannon, subsecretario de Estado para Asuntos Políticos de Estados Unidos, y desde el Comando Sur la visita del Lt. Gen. Joseph P. DiSalvo y de la embajadora Liliana Ayalde son la constatación, como señala el titular del diario El Universo, de un “giro” en la diplomacia ecuatoriana. El embajador de Estados Unidos en Ecuador, Todd Chapman, dejó saber que varios acuerdos de cooperación militar están siendo preparados por el gobierno. El ministro de Comercio Exterior, Pablo Campana habló de la posibilidad de un acuerdo comercial a largo plazo con Estados Unidos. Hace unos días el Embajador Chapman alabó la consistencia del gabinete y confesó haber trabajado con la mayoría del equipo económico. También instó al Ecuador, respecto a la situación de Venezuela, a pronunciarse y decir eso es malo! Como estarán de restauradas las relaciones con Estados Unidos que el embajador norteamericano se ha sentido en confianza para hacer ese tipo de sugerencias. El presidente y la cancillería deberían recordar que nuestra Constitución condena la injerencia de los Estados en asuntos internos de otros Estados.

Ya antes, la renuncia en febrero de Guillaume Long, embajador permanente ante la ONU, fue la señal que un giro en la política exterior se estaba operando. El diplomático denunció la inconstitucionalidad de la consulta popular y la deriva autoritaria que esto implicaba. El tiempo le ha dado la razón. El Consejo de Participación Ciudadana y Control Social Transitorio (CPCCS-T) es ahora un instrumento de persecución política. Actúa por encima de la ley y la Constitución. El mismo presidente del CPCCS-T, el conservador Julio C. Trujillo lo ha reconocido.

Sin embargo este coqueteo con la política exterior de Estados Unidos llevarían, si Moreno guarda algo de independencia frente a Washington, a un impase inevitable. Hay ciertos elementos que son tradición y hasta doctrina de la política exterior ecuatoriana que entrarían en contradicción con la política exterior del gobierno de Trump. En contra de los principios de nuestras relaciones internacionales el gobierno de Moreno aprobaría, por ejemplo, la intervención militar de EE.UU, Gran Bretaña y Francia en Siria. Operación efectuada sin mandato de la ONU, es decir en contravención con el derecho internacional. Intervención militar que, además de sacudir el Medio Oriente, según L’Humanité del 16 de abril, involucra a todo el planeta en una atmósfera de guerra mundial con consecuencias imprevisibles. Por otro lado, cómo va a conciliar Moreno el nuevo Plan de Movilidad Humana con la política migratoria de Trump. En ese campo es evidente que dos posiciones radicalmente opuestas se enfrentan. Otra vez los grandes principios de nuestra diplomacia han sido orientados a luchar por el principio de la ciudadanía universal, la libre movilidad de todos los habitantes del planeta y el fortalecimiento de los derechos de las poblaciones en situación de movilidad. Vamos a renunciar a estos principios? Es cierto que el Ecuador debe aspirar a mantener relaciones cordiales con todos los países, sin embargo deben ser en condiciones de respeto al derecho internacional, la libre determinación de los pueblos, la soberanía nacional y los Derechos Humanos.

Finalmente, el giro en la política exterior del Ecuador no puede tratarse de una maniobra de cancillería en el marco de la campaña por ganar la presidencia de la Asamblea General de la ONU. La canciller Espinosa es evidente que no goza del apoyo de Estados Unidos. Como es evidente que el juicio político a la canciller propuesto por el grupo parlamentario de CREO está destinado a debilitar la candidatura del Ecuador. Creo particularmente que la presidencia de la Asamblea General de la ONU sería para la actual canciller un mejor espacio para impulsar la creación de una institución para la lucha contra los paraísos fiscales a escala planetaria o su propuesta de un tratado vinculante para multinacionales en materia social y ambiental. Porque en la forma en que está conformado el gobierno de Moreno actualmente es probable que estas propuestas de vanguardia de la diplomacia ecuatoriana dormirán el largo sueño de los justos.

Por: Carlos Guevara Ruiz

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