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48° Asamblea General de la OEA

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En mayo de 1948 si firmó en Bogotá la Carta fundacional de la Organización de Estados Americanos (OEA). Dos fueron los objetivos que motivaron su creación: la solución pacifica de las diferencias y la seguridad colectiva en la región. En el contexto de la guerra fría, dizque para preservar al continente del espectro del comunismo, Estados Unidos ejerció dominación sobre el resto de países miembros pese a que la OEA reconoce el principio de igualdad jurídica de todos sus miembros. Fidel Castro la llamó en su momento el “ministerio de las colonias norteamericanas”. La OEA se desacreditó ni bien constituida pues sirvió para cubrir las intervenciones militares directas o indirectas de Estados Unidos en la región.

En 1954 en Guatemala el presidente Arbenz elegido democráticamente, autorizó la participación del Partido Comunista en la vida política del país y promulgó una reforma agraria lesiva a los intereses de las empresas agro-comerciales norteamericanas. Comenzó entonces una campaña de desestabilización al gobierno de Arbenz. Una conferencia en la OEA se reunió en Caracas en marzo de 1954. En ella se votó una resolución que condenaba el comunismo, considerado como una injerencia inadmisible en los asuntos americanos. Unos meses más tarde un ejército de mercenarios con el apoyo de la CIA destituyó el régimen democrático. La OEA permaneció silenciosa ante esta violación sobre uno de sus países miembros. Por décadas Guatemala no conoció sino violentas dictaduras.

En la década del 60 los acercamientos de Cuba a la URSS desataron una intensa actividad de las instituciones interamericanas a fin de contener el peligro comunista. En 1960 una reunión en San José de Costa Rica, sin nombrar a Cuba, condenó la injerencia de una potencia extra continental y del totalitarismo. Habiendo fracasado la invasión en Play Girón en 1961, la Conferencia de la OEA en Punta del Este decidió en enero de 1962 la exclusión de Cuba de la OEA. Ecuador, así como la mayor parte de países de América del sur se abstuvieron en aquella ocasión.

En 1965, la OEA entró nuevamente en acción. Esta vez en la República Dominicana. Frente a la crisis política interna en Santo Domingo, el presidente Kennedy, temeroso de una revolución, envió a los marines que intervinieron en favor de los militares de derecha y en contra de las fuerzas políticas favorables a la instauración de un régimen democrático. La OEA ratificó, en violación a su propia Carta, la intervención americana.

Como toda obra del ser humano, las instituciones creadas por este no pueden ser perfectas. Pero pueden ser perfectibles si las miramos críticamente en su evolución histórica. No hay luces sin las sombras solía decirnos nuestro profesor de dibujo en la facultad de arquitectura. Por lo mismo no quiero decir que todo sean sombras en la OEA. Sin embargo, escuchando y viendo cómo se desarrolló la 48° Asamblea General ordinaria celebrada en Washington entre el 4 y 5 de junio del 2018, parece necesario preguntarse si los países de América del sur hemos aprendido las lecciones del pasado. Si estamos en la organización para perfeccionarla o estamos recreando ese “ministerio de las colonias norteamericanas” del que hablaba Fidel. No puede entenderse de otra manera la resolución votada por la Asamblea en contra de Venezuela. Por iniciativa del vicepresidente de Estados Unidos Mike Pence la resolución busca suspender a Venezuela de la Organización. Quienes han aprobado esta resolución –sentenció el embajador venezolano – están apoyando la posibilidad de una intervención militar en Venezuela, allá ustedes con sus consciencias, dijo.

No sé si lo más adecuado era apelar a la consciencia de los embajadores. En realidad los embajadores actúan para salvaguardar los intereses nacionales. Pero no parece sensato dejarse seducir por las propuestas de un país que se encargado de llevar la guerra y la inestabilidad a donde debía llevar la libertad y la democracia. “Nubarrones de la tiranía” se ciernen sobre la región dijo Pence en la OEA el 7 de mayo de 2018. Lo mismo dijeron cuando invadieron Irak… El carácter belicoso de Estados Unidos, en un contexto de crisis del sistema capitalista, se está exacerbando. La guerra siempre ha sido una válvula de escape a los vicios de la acumulación capitalista. Si no es por una posición realista al menos por dignidad la diplomacia de los países latinoamericanos debería guardar una distancia prudente con la política exterior del gobierno de Trump.

Ecuador se abstuvo en la votación de la resolucion en contra de Venezuela, sin embargo el presidente Moreno, evidentemente mal asesorado se ha permitido proponer una consulta popular para refrendar los resultados del proceso electoral del 20 de mayo. Craso error. Las redes sociales no demoraron en ponerle en su sitio y con razón. El Ecuador condena todo tipo de injerencia de los Estados en los asuntos internos de otros Estados. Eso debería saber el Presidente, está en la Constitución. Pero ya aparecerá algún “catarnica” para recordarnos la Doctrina Roldós, y el bla bla bla del principio de no intervención. Pero no será bueno primero fijarse que quien pida la aplicación de tal doctrina no padezca de los males que pretende curar.

Referencias : Rouquié, A. (1987, 1998). Amérique latine: introduction à l’Extrême-occident. Paris: Seuil

Por: Carlos Guevara Ruiz

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